Julio de 2009

23 de Julio de 2009. Tras unos fines de semana de preparación en Noja y Arcachon, nos disponemos a salir con la caravana a cuestas en nuestro primer gran recorrido con ella. Con un recorrido bastante bien planificado, el destino de los siguientes 14 días será la Bretaña francesa. Situada en la costa oeste de Francia, encima de las Landas y cuando la costa francesa ya gira a la derecha, según lo visto en las diferentes guías que hemos manejado, una zona que no nos va a defraudar: pueblos medievales, fortalezas, ostras y faros. Pero realmente todo eso es lo de menos, lo que realmente nos tiene ilusionados es que va a ser nuestra primera viaje en serie con la caravana. Que tal nos arreglaremos, se cansaran los niños, tendremos algún contratiempo, etc… son preguntas que se nos amontonan en la cabeza mientras terminamos de hacer los últimos preparativos

.

Con el tiempo justo ya que queremos llegar a dormir a Vannes, salgo con los niños y la caravana para recoger a Leire a la salida de su trabajo. Esta vez dejaremos atrás Arcachon y seguiremos adelante hasta Vannes, un total de 760 Km. Tras unas vueltas por los alrededores buscando alguno de los campings que teníamos anotados, ya de noche encontramos uno que no estaba en nuestra lista, pero por supuesto nos vale para acampar ya que la noche se nos echaba encima. Este será nuestro campo base para los próximos días en que visitaremos lo mas destacado de los alrededores. El día 24 de Julio lo dedicamos a recorrer Vannes, una preciosa ciudad de 58.000 habitantes, rodeada en parte por una magnifica muralla con un foso repleto de flores, donde como no sacamos algunas fotos.

Al día siguiente, 25 de Julio, el sitio elegido fue Josselin separado de Vannes por 43 Km. Allí nos sorprendió un mercadillo en la calle principal de Josselin, un pequeño pueblo de 2.400 habitantes sacado de un cuento de hadas, con casas típicas bretonas y un castillo perfectamente conservado de unos condes que bien mereció su visita. Tras comprar algún que otro recuerdo y comer en uno de los numerosos restaurantes que invadían todo el casco urbano del pueblo, nos dirigimos esta vez a Port Louis, una pequeña localidad que posee una magnifica ciudadela en forma de estrella que alberga en su interior un par de museos. Pero lo destacable de esta visita para nosotros fue que alquilamos una especie de coche a pedales en el que una vez montados los cuatro, disponíamos de una hora para pedalear recorriendo todo el pueblo.

Abandonamos Port Louis y nos dirigimos a media tarde hacia Carnac. Pero a medio camino, divisamos un cartel que indicaba un Brocante (Antigüedades) . Dimos la vuelta unos metros y nos encontramos con una gran explanada donde había de todo: libros, cacharros curiosos, otros sin ninguna utilidad, antiguedades para dar y tomar, incluso un viejo autobus. Tras regatear algo con los dos dueños salimos de allí con una vieja balanza con sus pesos y alguna cosa más. Por fin llegamos a Carnac. Carnac era uno de esos lugares que indiscutiblemente teníamos que visitar en nuestro viaje. Después de Stonehenge, posee la mayor concentración mundial de yacimientos megalíticos. Mas de 3.000 menhires erigidos entre los años 5.000 y 3.500 a.C. Aparcamos el coche junto a un centro de interpretación de los yacimientos y nos dirigimos andando hasta unas campas cercanas plagadas de menhires alineados misteriosamente. Pero la tarde-noche todavía nos guardaba una ultima sorpresa, cuando ya nos íbamos descubrimos que se estaba celebrando algún tipo de fiesta bretona. Volvimos a aparcar el coche y efectivamente en otra campa junto a las alineaciones de menhires, se celebraba una fiesta campestre donde no faltaba, la música y bailes bretones, los mejillones y hasta una cuba con «poción mágica». Un día de lo mas aprovechado.

Los siguientes dos días los dedicamos a trasladarnos con la caravana hasta Quimper, visitarlo y hacer una excursión hasta el pueblo amurallado de Concarneau. Este posee una ciudad amurallada situada en una pequeña isla a la que se accede por un puente peatonal. Sus estrechas calles estaban abarrotadas de gente, tiendas, restaurantes y casas de entramado de madera típicas de Bretaña.

Para el día 28 de Julio teníamos preparado una excursión a Morgat, un pequeño pueblo construido por los hermanos Peugeot como lugar de diversión. Es un pequeño pueblo en la costa, muy pintoresco debido a los diferentes colores de sus casas. Aquí realizamos una excursión en barco por la costa hasta unas grutas con sus coloridas paredes, para deleite de nuestros peques. Los continuos chapuzones debidos al oleaje dieron mucho juego en el trascurso del recorrido. Otro día visitamos Brest, una ya gran ciudad de cerca de 150.000 habitantes, que la verdad no nos gusto mucho. Tal vez fuera por que no supimos encontrar lo mejor de ella pero el entrar a una gran ciudad es algo que de primeras nos echa un poco para atrás, a no ser que realmente merezca la pena y vayamos a tiro fijo. También nos acercamos hasta Saint Mathieu, una bonita composición formada por un faro junto a los restos de las ruinas de una abadía.

El día 30 de Julio nos encontrábamos ya en Cancale, un bonito pueblo muy cerca de Saint Michel, otro de nuestros ineludibles destinos de este viaje. Cancale iba a ser el campamento base para los siguientes y ya últimos días de nuestro periplo por la Bretaña francesa. Después de un breve recorrido por el pueblo, enseguida encontramos una de las numerosas ferias que nos habíamos ido encontrando por casi todos los pueblos que habíamos visitado, en los que en una especie de tuperwares servían patatas fritas y mejillones. Los mejillones de esa parte de Francia son algo distintos de los que estamos acostumbrados a comer aquí. Son algo más pequeños y prácticamente salen limpios cuando son recogidos, por lo que no es necesario limpiarlos antes de echarlos a la cazuela. Normalmente los servían con una especie de salsa de nata a un módico precio. Pero lo típico de Cancale no son los mejillones sino las ostras. Tras bajar a la parte del pueblo junto al puerto, enseguida encontramos los viveros y los puestos donde vendían bandejas de ostras por docenas. Ya las habíamos probado por primera vez en el anterior viaje a Arcachon así que nos animamos con una docenita de ostras de Cancale.

Y el 31 de Julio, de mañana emprendimos el viaje en coche hacia Saint Michel. Tantas veces visto en las fotos, por fin íbamos a contemplarlo con nuestros propios ojos. Y desde luego que no nos defraudo. Varias grandes explanadas dan la bienvenida al famoso istmo que ocasionalmente se convierte casi en isla cuando las mareas vivas tapan practicamente todo el acceso a Saint Michel. Un cartel en los aparcamientos avisan de esta curiosidad. Según la época del año la diferencia entre la marea baja y alta puede llegar a los 15 metros. Después de rodear todo el monte, entramos dentro del recinto. Estrechas y empinadas calles abarrotadas de gente y de restaurantes nos aguardaban. Con Eneko de improvisado reportero grafico, ascendimos hasta lo mas alto para acceder a la abadía que corona el monte. Una visita recomendable a pesar de la gran marabunta que acude diariamente.

El 2 de Agosto decidimos hacer una pequeña ruta desde Cancale a Saint Malo y luego a Dinard. Un precioso recorrido por la costa hasta Saint Malo el que nos recibe con su oscilante marea, una de las mayores del mundo. Además de su ciudad amurallada, un fuerte que únicamente es accesible con marea baja y la Isla de Grand Be a la que igualmente solo se puede acceder con marea baja, lo que más nos llamo la atención fue su piscina de marea de agua. Es una piscina al borde del mar que aprovecha la oscilante marea para en la marea alta llenarse de agua salina y posteriormente cuando el mar se retira, la mantiene para disfrute de los usuarios de esta piscina natural. Posteriormente partimos con el coche hacia Dinard, pueblo que aparece retratado en los cuadros de Picasso, con su playa y las casetas de baño de rayas azules y blancas. Pero no todo iba a ser perfecto. Una gran tormenta primero nos avisa y luego termina por descargar en Dinard, teniendo que refugiarnos de ella y aprovechar para comprarle a Eneko un nuevo chubasquero. De allí nos dirigimos hasta Dinan a probar suerte, por ver si allí no llovía. Pero nada. La lluvia no dejo que visitáramos como hubiéramos querido este bonito pueblo que tuvimos que abandonar para regresar a Cancale.

El día 3 de Agosto visitamos Vitre y Fougures, dos pueblos fortificados y llenos de casas de entramado de madera. En Fougeres nos quedamos sin poder entrar a ver el castillo ya que por esa costumbre tan anti-turística de los franceses, para las cinco y media de la tarde ya lo habían cerrado hasta el día siguiente. ¿Alguien imagina en pleno mes de Agosto cerrando un monumento a las cinco y media de la tarde?. Volvimos pronto al camping ya que este era nuestro ultimo día en estas latitudes ya que al día siguiente, 4 de Agosto, teníamos que enganchar la caravana para desplazarnos hasta Agen, a 670 Km. de distancia y prácticamente nos iba a llevar todo el día el trayecto.

El motivo de ir hasta Agen era que al día siguiente, 5 de Agosto, Eneko cumplía 4 años y queríamos regalarle un día en el parque de atracciones de Walibi, cerca de Agen. Tras buscar un camping por los alrededores, al final tuvimos que acampar en un «camping de fútbol», esto es, una campa junto al campo de fútbol municipal del que aprovechaban sus instalaciones para los servicios de baños y duchas. No nos importo ya que únicamente íbamos a hacer noche y al día siguiente regresábamos ya a casa. Eneko amaneció cubierto de globos en el día de su cumpleaños y pronto nos dirigimos al parque donde disfrutamos de un soleado día en el que tanto los niños como nosotros nos lo pasamos en grande. Y ya el día 6 regresábamos a casa para continuar el resto de nuestras vacaciones en Cidad de Ebro, donde empezaban las fiestas.

Ya contamos los dias que quedan para el proximo viaje con la caravana hacia la Costa Azul francesa a mediados de Julio de este año de 2010.

Aquí os dejo otras fotos del viaje:

Deja una respuesta